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domingo, 19 de mayo de 2013
Disincronía
Quizá, si hubiera sucedido este año, quizá, tal vez; no digo que no; probablemente. Probablemente sí. Pero entonces, hace un año, más o menos, era diferente. Yo venía, volvía, y quería otras cosas, otras. Era pronto aún. Venía de algo y necesitaba otro algo distinto. Pero las cosas llegan cuando llegan. O estás o no estás. Eso es indiferente. Joder, qué tarde. O qué pronto. Pero bueno, como dijera aquél: la vida no se elige, se vive. Puede que sea verdad. Pero me siento fuerte hoy. Hasta creo que puedo ser capaz de elegir. Aunque no sé qué. Elegir, digo. ¿Sí o no? ¿Es este año diferente? Quizá. De alguna forma sí. Siento, ¿no? Es un matiz importante. Oigo. Oigo ese eco melódico, esa promesa onírica. Ese canto de Sirena. Y, joder, joder, cómo suena. Con razón vivimos. Con razón vivimos.
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miércoles, 15 de mayo de 2013
La Sirena
Carajo, qué imagen. Si es que es bonita como ella sola. Cantos de sirena, Gonzalo; déjate, déjate que nos conocemos de lejos. Escucha esa guitarra, apura esa botella, dale vida a ese libro que aguarda ahí, como haciendo cola sobre los demás; que todo eso va bien, acalla. Y saber acallar es una virtud entre las virtudes. "¡Y no!" que diría el padre. Con lo que desgasta el ruido... estamos como para negar un chato, o como para negarnos a un atardecer de estos de primavera, entregándonos a la cancerígena desidia. Déjate. Eso son cantos de sirena. Pero cómo suenan.
lunes, 18 de febrero de 2013
Anonimia
Negro. Blanco. Negro. Blanco. Negro. Blanco. Negro. Blanco. Negro. Blanco. Negro. Blanco. Negro. Blanco. Negro. Blanco. El paso de cebra nos separaba al tiempo que nos unía en el espacio. Mi cabeza giraba, seguida levemente por el cuerpo, hacia donde venían los anónimos coches, acogiendo en su plenitud la caricia mortecina de los rayos de un Sol en consonancia vespertino. Sentía relajación en todo el cuerpo, como si esos rayos fuesen la corriente de un jacuzzi de calma, y no recuerdo que pensaba. A la suficiente distancia para no poder definirlos con claridad se acercaba una pareja y lo que parecía ser su hijo, en brazos del hombre. Él aparentaba tener más de cuarenta años, aunque no muchos más. Y ella... ella me recordó a alguien que ya había visto, una muchacha que debía de vivir en mi mismo pueblo. Una muchacha anónima, insignificante para mí. La escena me resultó como una premonición, como un flashforward hacia el futuro de esa chica cualquiera. Al llegar a la orilla de la acera, cuando yo daba mis últimos pasos hacia la misma, ella me miró. El hombre reía divertido con el niño que portaba entre sus brazos, mostrándome su perfil izquierdo, y ella, más allá, separada por un espacio de alrededor de un metro, recogía una sonrisa prieta que no ocultaba unos ojos turbados. Me miró, como cuando un niño aburrido de tanto juego mira por la ventana hacia la oscura tarde de un día lluvioso, no sé si buscándose en el reflejo de la ventana que eran mis gafas, o si encontrándome, subjetivo, otro, anónimo entre la niebla de una vigilia inescrutable.
sábado, 8 de diciembre de 2012
Dafne Azahara
Un cigarro, y su evadirse sinuoso en la noche de un eclipse; un atisbo difuso de puentes etéreos; el eco aún dulce de la canción de un ruiseñor; la Luna llena en lo profundo de dos lagos; una ruta ciega al mar; aroma en los pétalos de un azahar distante.
El reflejo de un rostro en las aguas inquietas del olvido. Una efigie sin mesura. Un nombre. Eso es.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Nubes de Levante
Dalí, 'Mi esposa desnuda'. Extraído de: http://www.epdlp.com/fotos/dali5.jpg
Me vi por un instante recorriendo el tramo que precede al confín verde, frío, susurrante, de mi Escocia, a la zaga de una sombra efímera casual, perecedera, y desatado de cualquier cadena erótica; idílico sueño, acaso premonitorio, de un estado libre, volátil, enjundioso; solitario.
La atracción ineluctable de dejar de ser en uno para ser Ella y en Ella me ha devuelto, cerrando de nuevo el círculo, a girarme sobre la cuerda de funambulista que me sostiene. O acaso debido al vértigo existencial de verme sobre el inmenso, infinito, aniquilador, anonadador abismo del ser supuesto. Qué más da. Lo que importa es a dónde se la llevaba aquella lombriz urbana, y quién era ella. Sin velos, sin perfumes, sin ensoñaciones.
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viernes, 30 de noviembre de 2012
"Meu amor marinheiro"
Carminho, Meu amor marinheiro. Vídeo extraído de: http://www.youtube.com/watch?v=uez3xGXj7go
Se hundirían, en desuso, bajo el frío lodo del olvido. Pero algo se aferra a mí, dentro y fuera, y retorna en forma de acendradas confesiones y amores tan fugaces que duelen de hermosura. Quién fuera a decirme, ni mi mente desbocada galopando por etéreos prados de noches oníricas, que meu amor sería un amor marinheiro, de paso por el puerto bajo el eco reluciente de una estrella agónica. Y a más que a trote atisbo a un lado y otro veredas albinas que llevan a sueños; visiones de risa, amor y machina, de Baco y de Febo, donde meu amor marinheiro navega eterno por la infinitud de sí mismo en esos ojos valencianos. Como la cata de un Oporto cualquiera, dulce, efímero, insuficiente, irrepetible.
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domingo, 18 de marzo de 2012
Tan lejos
Venus y Júpiter desde las afueras de Turín. Foto de Stefano de Rosa. Imagen extraída de: http://stefanoderosa.com/2012/02/25/moon-venus-and-jupiter-over-the-avigliana-castle/
Penden, y brillan, dos borlas del velo. Se ven amantes separados por la fatalidad. Y no dejan de serlo, mas no como se espera; una desea al otro, y el otro se ama a sí.
Coqueta, ella se contonea a fin de provocar; él, ufano y orgulloso, hincha su pecho brillante forzando viejos esplendores.
Son Venus y Júpiter. Tan lejos, tan distintos, perdidos en la inmensidad del reflejo del mar. Y a la vez tan cerca, ahí, tras el muro de la indiferencia.
Bajo el ritual paseábamos por los puentes improvisados que tiende una conversación. Sólo un rato. Tú, al otro lado del río, eclipsabas con tu luz el firmamento y hacías de mí un amante deslumbrado que gozaba enajenado; que olvidaba, apenas cuanto dura un instante, la aflicción de la distancia. Allá arriba, metafóricos, ellos dos nos recordarían que por muy cerca que estuviéramos, siempre estaríamos lejos.
Un amigo, en su lejanía, en su indefinición, en su ensimismamiento, vale una vida. Pero tú vales la eternidad que mereces.
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